La tasa de desempleo en Costa Rica se ubica actualmente en 7,0%, según los datos más recientes de la Encuesta Continua de Empleo del INEC. Aunque representa una baja frente al 7,4% registrado en el mismo trimestre de 2025, la diferencia no es estadísticamente significativa. Más allá del impacto económico, la falta prolongada de trabajo también puede afectar el bienestar emocional y aumentar el riesgo de ansiedad, estrés, depresión y baja autoestima.
Rocío Aguilar, directora de la carrera de Psicología de la Universidad San Marcos (USAM), explica que “es común que las personas en desempleo prolongado experimenten frustración, incertidumbre o disminución de la autoestima”. Según la especialista, reconocer estas emociones, mantener una rutina y buscar apoyo oportuno puede favorecer una mejor adaptación. “Este proceso se relaciona directamente con la resiliencia, entendida como la capacidad de afrontar la adversidad y salir fortalecidos de ella”, agregó.
Entre las recomendaciones para cuidar la salud mental durante este periodo están mantener horarios definidos, establecer metas realistas para la búsqueda de empleo, hacer actividad física, descansar adecuadamente y mantener el contacto con familiares y amistades. También se aconseja aprovechar el tiempo para adquirir nuevas habilidades o actualizar conocimientos y buscar atención psicológica si aparecen síntomas persistentes de ansiedad, depresión o desesperanza.
El impacto del desempleo no es igual para todas las personas y puede variar según factores como la edad, el género y el nivel educativo. Además de la incertidumbre financiera, esta situación puede alterar las rutinas, reducir la sensación de propósito y afectar las relaciones, la motivación y la confianza personal. Ante este panorama, la Universidad San Marcos reafirma su compromiso con el bienestar integral e invita a quienes atraviesan un periodo de desempleo a utilizar sus servicios de apoyo psicológico.