La industria de la belleza avanza hacia una etapa donde el color del cabello deja de ser solo estético y se convierte en una forma de identidad. De cara a 2026, las tendencias se alejan de los tonos uniformes para dar paso a propuestas multidimensionales que buscan armonizar con las características biológicas de cada persona.
Nicolette Manríquez, técnica experta de la marca Kuul, señala que “para el 2026, estamos presenciando un retorno a la autenticidad. En Kuul, entendemos que el color perfecto es aquel que respeta la integridad de la fibra capilar mientras potencia la seguridad de quien lo lleva. No se trata solo de aplicar un tinte, sino de entender la ciencia detrás del pigmento para que cada persona encuentre su ‘luz’ propia”.
La paleta de color del 2026 estará dominada por tonos con reflejos cambiantes según la luz. Destacan los cobres evolucionados, con subtonos dorados y canela que aportan luminosidad al rostro; los marrones o caobas, que apuestan por castaños de matices fríos como alternativa al negro sólido; y los violetas, pensados para quienes buscan sofisticación en tonos cenizos llevados a niveles de claridad extremos.
El arte de la colorimetría cobra un papel clave, priorizando el diagnóstico previo según el tono de piel. Las pieles cálidas se benefician de dorados y cobres, mientras que las frías encuentran contraste e iluminación en rubios platinados y rojos intensos. En el caso de las pieles neutras, los tonos nacarados permiten un acabado natural y versátil.
Manríquez concluye que la tendencia hacia 2026 también pone el foco en el mantenimiento del color. “El uso de matizadores y shampoos específicos para cada color será vital para prolongar la vida del pigmento, en un entorno donde la salud capilar es el verdadero lujo”, afirma, destacando que la moda capilar se consolida como un equilibrio entre cuidado y expresión constante.